¿Scroll o atemporal?
Por: Perla Jaimes

Este año las tendencias no duraron estaciones: duraron semanas. Quince días para volverte fanática de algo, seis meses para olvidarlo. Un panorama donde el deseo no nace del gusto, sino del algoritmo; donde compramos no lo que amamos, sino lo que vemos repetido hasta el cansancio.
Y en medio de este torbellino de microestéticas aparece una vieja conocida que de pronto se volvió fiebre colectiva: el invierno según Ralph Lauren. Una fantasía de chimeneas perfectas, cabañas que parecen olfatear el cedro del bosque, tartán rojo que se siente más aristocrático que festivo, suéteres de cashmere que prometen ternura instantánea, y el eterno protagonista: el Polo Bear, ese pequeño oso vestido de lujo. Casi de la noche a la mañana, todos quisimos vivir en esa postal… Pero, ¿a qué costo?
La promesa perfecta del tartán (y su lado incómodo)
El tartán de Ralph Lauren siempre tuvo un aura especial: tradición, elegancia, linaje inventado o real… daba igual, funcionaba. Hoy, sin embargo, ese mismo tartán se ha convertido en territorio saturado. Lo vemos en mesas, manteles, pijamas, cojines, portavasos, envolturas, calcetas, sets navideños, perfiles de Pinterest.
La estética Ralph Lauren se volvió un checklist. Y lo más grave es cómo se infiltró ese pensamiento peligroso: “Lo que tuve el año pasado ya no es suficiente.”
¿Cuántas compras de este año siguen haciendo sentido? ¿Cuántas tendencias amaste de verdad… y cuántas adoptaste por contagio visual?
El Polo Bear: el oso más tierno y más peligroso
En los 90’s, el Polo Bear era un guiño divertido al estilo preppy. Hoy, el internet lo transformó en un objeto de deseo masivo.
De ser un ícono de colección a volverse obsesión de temporada. En TikTok lo venden como “el suéter imprescindible”, “la compra que valida tu invierno”, “el must para verte aesthetic”, “el adorno perfecto para acompañar a tu pino navideño”. El pobre oso pasó de ser adorable… a ejercer presión estética sobre toda una generación.

La crítica
El problema no es Ralph Lauren. El problema es la velocidad con la que consumimos, copiamos y descartamos. Es este nuevo mandato estético donde cada tendencia exige comprar algo nuevo, renovar todo, tirar lo viejo, reinventar tu estilo cada 20 días.

Son todas esas veces en que este año pensaste:
“Necesito esto para verme bien.”
“Lo que tengo ya no sirve.”
“Mi navidad debería ser así.”
Lo aspiracional dejó de ser inspiración… y comenzó a ser una forma de presión social silenciosa. Y sin embargo… ninguna tendencia vale más que tu propia intuición. Esta Navidad compra sólo lo que resuene contigo, lo que abrace tu historia y no lo que dicte un algoritmo con prisa. No te dejes arrastrar por el vértigo de las modas fugaces ni por la ilusión de que “lo nuevo” siempre es mejor. Si en tu clóset hay piezas que aún vibran contigo, ese suéter heredado, ese abrigo que te acompaña invierno tras invierno, déjalos renacer. La verdadera elegancia no sigue temporadas: se construye, se honra y se reúsa. Y si decides sumar un toque de Ralph Lauren, que sea porque dialoga con tu esencia, no porque todos lo llevan. Porque lo auténtico, siempre, es lo que más ilumina.
Notas al margen
En un invierno que parece repetirse en bucle, donde las tendencias nacen y mueren al ritmo del scroll, sobreviven pequeños gestos que no se dejan domesticar por la prisa. Ahí están los Polo Bear de Ralph Lauren, con su aire encantador y ligeramente irónico, recordándonos que la ropa a veces también quiere contarnos historias. Y quizá ese sea el verdadero lujo: volver a lo que se siente familiar, aunque sea nuevo; abrazar la nostalgia sin que pese; elegir lo que nos abriga el cuerpo, pero también el ánimo. En tiempos de ruido, el estilo encuentra su fuerza en lo suave, en lo tierno, en lo que no necesita gritar para quedarse.
Hasta la próxima, con amor, Perla.