Por: Perla Jaimes
¿Este año tú también lo empezaste viendo a Bridget? No es casualidad. Hay un ritual que se repite cada enero, dentro y fuera de la pantalla: Bridget Jones sentada con su diario, copa en mano, decidida a resetear su existencia. Propósitos claros, letra ordenada, convicción absoluta. Y minutos después (a veces segundos) ya rompió la promesa.

Del diario de papel al “Glow Up” de TikTok
Bridget inaugura el calendario con la misma fe con la que hoy armamos vision boards o guardamos rutinas imposibles en redes sociales. Menos vicios. Más control. Más “yo ideal”.
La diferencia es que ella lo hace con medias moldeadoras y una autoestima tambaleante que intenta mantenerse en pie con humor. Vista hoy, la película funciona como un manual temprano del glow up fallido. Sus propósitos no nacen de la ilusión de un nuevo comienzo, sino de la culpa del año que se fue. Para ella, enero no es un lienzo en blanco; es una auditoría emocional donde siempre llega con saldo en contra.
La estética de la “perfección” fingida

Visualmente, todo en Bridget grita ese esfuerzo por hacerlo “bien”. Se viste para gustar y para encajar en una narrativa de éxito que no le pertenece.
Lo irónico es que Bridget nunca logra habitar esa versión perfecta que se prometió el día 1. Siempre está fuera de ritmo, despeinada o con el atuendo equivocado para la ocasión. Pero, al igual que nosotras, insiste. Año tras año. Cambian los filtros y las estéticas, pero la presión es la misma: la exigencia de resultados inmediatos antes de que siquiera hayamos procesado el brindis de medianoche.
El derecho a empezar “mal”
Por eso Bridget sigue siendo nuestra santa patrona de los inicios de año. Porque encarna esa feminidad que intenta cumplir expectativas imposibles mientras se ríe de su propia torpeza. Nos enseñaron que el problema no es la exigencia del sistema, sino nuestra “falta de disciplina”.
La verdadera madurez no está en resetear nuestra historia hasta borrarla, sino en tener el coraje de caminar sobre los restos del año anterior. Porque ninguna historia que merezca ser contada empieza limpia y en silencio. Acepta el caos, abraza la culpa y luego, haz algo con ello. Al final, no somos proyectos que necesitan una corrección constante, sino obras en movimiento que solo necesitan que dejemos de intentar encajar para empezar, por fin, a pertenecer a nosotras mismas.

Empieza como la de Bridget: con un poco de desastre, mucha honestidad y las ganas de seguir intentándolo.
Notas al margen
Bridget Jones vuelve cada enero para recordarnos que la culpa es, en realidad, un rastro de humanidad. Nos dijeron que el error estaba en no cumplir los propósitos, cuando en realidad el problema es la fantasía de que debemos corregirnos cada año. Bridget no empieza bien, nunca. Empieza humana. Y quizá esa sea la única forma honesta de empezar cualquier cosa.
Ya lo decía ella mientras dejaba atrás las expectativas de los demás para escribir su propio destino: “Es hora de tomar las riendas y empezar a vivir, Bridget Jones”. Quizás sea hora de que nosotras hagamos lo mismo.
Hasta la próxima, con amor, Perla.